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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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GUIA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA 
I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 6 

Lo étnico y el discipulado 

MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO 

El sábado enseñaré... 

Texto Clave: Mateo 1 5:21-28 

Enseña a tu clase a: 

1 . Saber cómo el evangelio derriba todas las barreras raciales. 

2. Sentir una dependencia completa de su gracia, para sobreponernos al odio. 

3. Hacer la resolución de vencer todo obstáculo por medio de la fe en Jesús. 

Bosquejo de la Lección 

I. Saber: Jesús derriba las barreras 



B. ¿De qué modo reaccionó Jesús ante su pedido? ¿Por qué ella rehusó desani- 
marse? 

C. Esta mujer no pide un pan o siquiera la corteza. Ella pide las migajas que caen 
a los perros del dueño. Nota las implicaciones. Ella acepta que es un perro, una 
pagana. Pero asegura que es el perro del Dueño. Considera dónde está el pe- 
rro para recoger las migajas: está sentado a los pies del dueño, la posición de 
un discípulo. ¿Qué está sugiriendo ella? ¿Qué muestra que Jesús la aceptó? 

II. Sentir: La necesidad de los cananeos 

A. Los judíos detestaban a los cananeos de todas las razas. En su primer encuen- 
tro con la mujer cananea, Jesús parece compartir ese punto de vista. ¿Era así? 
¿Cuál pudo ser el propósito de parecer hacerlo? 

B. ¿Qué indica que los discípulos compartían el prejuicio de su tiempo? ¿Qué los 
cambió? ¿Porqué? 

III. Hacer: Perseverar con fe 

A. ¿De qué modo nos enseña la mujer cananea la importancia de perseverar con 
fe, no importa cuáles sean los obstáculos? 

B. ¿Quién es pasado por alto en nuestros esfuerzos por compartir el evangelio? 
¿De qué modo el retener el pan, para no darlo a otros, nos hace morir de ham- 
bre a nosotros mismos? ¿Qué podemos hacer para cambiar esto? 

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Resumen 

El evangelio incluye a todas las personas. 

Ciclo natural de aprendizaje 



Paso 1 

¡Motiva! 



Concepto clave: La muerte de Jesús en la cruz, por todos, nos muestra que no debemos 
excluir a ninguno en nuestros esfuerzos por ganar almas para él. 

Un sacerdote hindú de la diosa Kali estaba moribundo. Ninguno de los otros sacerdotes 
quería tocarlo. Él servía en un templo para la diosa, en la sección más pobre de Calcu- 
ta. Era un barrio bajo, donde algunas personas estaban demasiado enfermas para pe- 
dir limosna. Otros no tenían ropa y les daba vergüenza ir desnudos por la calle. Y, to- 
davía, otros estaban muriendo de enfermedades terribles que hacían que sus amados 
les dieran la espalda. Y ahora este sacerdote había llegado a ser como una de esas 
personas. 

Una monja fue a ver dónde yacía este cuerpo enfermo. Ella había elegido vivir allí, en- 
tre los más pobres de los pobres, los intocables, los que tenían lepra, los que estaban 
demasiado enfermos para pedir alimentos, o que no tenían ropa para ponerse. Ella 
convirtió un templo hindú abandonado en un hospicio gratuito para los más pobres de 
entre los pobres. Los sacerdotes del vecino templo de Kali, en la ciudad, no estaban 
contentos cuando la monja albanesa y sus hermanas comenzaron su trabajo. Pero, al- 
guien le habló de que uno de los sacerdotes del templo de Kali, que se habían opuesto 
a ella, estaba muriendo de una enfermedad contagiosa. Ninguno quería tocarlo. Su 
cuerpo estaba demacrado y enfermo. Ella lo recogió en sus brazos y lo llevó a su casa. 
Después de esto, la gente local le pidió a la monja, que llegó a ser conocida en el mun- 
do como la Madre Teresa, que se quedara. Un sacerdote hindú del templo de la diosa 
Kali le dijo: "Por treinta años he adorado a la diosa Kali, de piedra; hoy la diosa Madre 
está delante de mí, viva". 

Considera: ¿Quiénes son los grupos de tu sociedad que a menudo son olvidados? 
¿Qué estamos haciendo para alcanzar a aquellos que nos necesitan como comunidad 
o como iglesia? ¿Qué quiso significar el sacerdote hindú cuando dijo que había adora- 
do a la diosa Kali, de piedra, durante treinta años, pero que ahora ella estaba viva, de- 
lante de él? ¿Cómo podemos hacer que Cristo venga a la vida para aquellos a quienes 
procuramos alcanzar? 



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Comentario de la Biblia 

I. El leproso samaritano 

(Lee con tu clase Lucas 17:11-16). 

Un grupo de leprosos vivía en el límite entre Samaría y Galilea. Pudieron haber com- 
partido una miserable choza en un campo abierto, lejos de la aldea más cercana. Lo 
que hacía que estos leprosos fueran singulares era que uno de ellos era samaritano, 
mientras que el resto eran judíos. De repente, cuando eres leproso, a nadie le interesa 
si eres judío o samaritano; sigues siendo impuro. La tragedia compartida quebró las ba- 
rreras raciales entre ellos, y se unieron en grupo. Estos hombres sabían que tenían ne- 
cesidad. Y su necesidad de sanamiento los unió. La ley requería que estuvieran a una 
distancia de no menos de cuarenta metros de toda persona sana. Esto significaba que 
no podían acercarse mucho a Jesús mientras pasaba en su camino a Jerusalén. De 
modo que, si no podían acercarse a él, ¿cómo podrían conseguir su atención? 

La ley les prohibía acercarse a las personas limpias, impidiéndoles llegar hasta la pre- 
sencia de Jesús. Pero, el sonido combinado de sus voces cruzó la distancia que los 
separaba de él. Jesús estaba en su viaje final que lo llevaría a su muerte. La trascen- 
dencia de lo que estaba por hacer debía pesar sobre él. Cada paso que se acercaba a 
Jerusalén era un paso más cerca de la cruz. Pero, él de todos modos se detuvo para 
sanar a los que sufrían. 

Imagínate que eres el leproso samaritano, que escucha las instrucciones de Jesús de ir 
a presentarte a los sacerdotes. Hay poca duda acerca de cuáles sacerdotes eran los 
que Jesús indicaba. No había nada de amor entre su nación y la nación judía. Por eso, 
debió haber sido necesario un mayor acto de fe para este despreciado samaritano co- 
menzar a caminar hacia el Templo que para los otros nueve leprosos. Pero, su sana- 
miento era una reprensión a los sacerdotes que no solo creían que Jesús no era el 
Mesías sino también despreciaban a los samaritanos. Al sanarlo, Jesús le estaba di- 
ciendo al mundo que su gracia es para toda la gente. No es extraño que el samaritano 
se volviera a Jesús después de haber sido sanado, y cayera a sus pies y lo adorara. 
Este hombre no estaba únicamente agradeciendo a Jesús por sanarlo; le estaba agra- 
deciendo por darle el don de la vida eterna, que los judíos habían sentido que los sa- 
maritanos no merecían. 

Considera: ¿Cuál es la importancia del lugar en que vivían estos leprosos, entre las 
fronteras de Galilea y Samaría? ¿De qué modo el pecado nos hace leprosos, y por qué 
Jesús es la única curación? Los leprosos no fueron curados mientras estuvieron en la 
presencia de Jesús, sino cuando se alejaron de él con fe. ¿Cuál es la lección aquí, para 
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nosotros, acerca de hacer la obra de Dios? ¿Qué barreras derribó Jesús al sanar a este 
leproso samaritano y qué podemos aprender de sus métodos? 

II. La mujer sirofenicia 

(Lee Mateo 15:21-28 con tu clase). 

Si les hubieras preguntado a sus discípulos cuál era problema con Jesús, dirían que 
regalaba los dones del Cielo demasiado libremente a los que no eran dignos. Y, en sus 
mentes, Jesús no podría haber elegido a una persona peor que la mujer cananea. Su 
bondad hacia el samaritano ya era suficientemente mala. Pero, por lo menos, no realizó 
directamente un milagro para ellos, y ellos creían en la ley de Moisés. Y el centurión 
cuyo siervo sanó Jesús había construido una sinagoga para los judíos. Pero, para ellos, 
la mujer sirofenicia no tenía la capacidad mental para apreciar el evangelio. Ella era 
una pagana, una extranjera, una extraña y, por sobre todo, era mujer. Su raza ni siquie- 
ra creía en el verdadero Dios. ¿Qué derecho tenía ella de pedir algo a Jesús? Un rabí 
escribió que el infierno era el único destino de los gentiles. Josefo, escribiendo acerca 
de los fenicios, dijo que de todas las razas paganas, los cananeos mantenían la peor 
mala voluntad hacia los judíos. Después de todo, Israel les quitó la tierra ancestral de 
ellos durante el tiempo de Josué. No se desperdiciaba amor entre estas razas. 

Jesús leyó el corazón de sus discípulos. En sus mentes, ella no era mejor que un perro, 
uno de esos kunária, los perros sueltos que merodeaban por las calles procurando en- 
contrar restos de comida, para robarlos. Cómo se habrán alegrado cuando Jesús usó la 
misma palabra para describirla que la que ellos habían pensado: ¿Por qué debería to- 
mar el pan de los hijos y dárselo a los perros? Pero, la palabra que él usó para perro no 
era la misma que la de ellos. Él usó la palabra para los perros domesticados, que se 
sentaban a los pies de sus amos. Los discípulos estaban tan enceguecidos por su pre- 
juicio que no percibieron la compasión de Jesús en su voz. Pero, la mujer sirofenicia la 
notó. Sus propios dioses le habían fallado. Ella había oído rumores del gran Sanador 
en quien aun los demonios obedecían. Sus palabras le dieron esperanza. Ella aceptó 
que era un perro, pero era el perro de Jesús. Ella no pidió un pan entero que había so- 
bre la mesa y ni siquiera una rebanada. Ella solo pidió las migajas que caían a los pies 
de Jesús. Recogerlas a los pies de él hacía que hasta un "perro" fuera un discípulo. 

Jesús la trató como la hubieran tratado los discípulos para que, cuando le concediera 
su pedido, contrariamente a las expectativas de ellos, ellos vieran cuan malo era su 
prejuicio. Al ministrar a esta mujer, él les enseñó una lección valiosa. La raza no es una 
barrera para el evangelio; está dispuesto para toda la gente, y sus discípulos debían 
ministrar tanto a judíos como a gentiles, porque él no era solamente el Salvador de los 
judíos sino también del mundo entero. 

Considera: ¿Qué método usó Jesús para mostrar sus prejuicios a los discípulos? 
¿Cuan efectivo fue? ¿Qué revela el otorgamiento del pedido de la mujer fenicia acerca 
de la actitud de Dios hacia las castas y el racismo? 



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Paso 3 

¡Practica! 



Testificación 

Haz azules mis ojos. 



Amy, la niña irlandesa que le pidió a Dios que le diera ojos azules, creció sin que se 
cumpliera su deseo, y fue a la India como misionera. Ella vio a niñitas que no eran de- 
seadas por sus familias y eran vendidas a los templos como prostitutas para los sacer- 
dotes. Ella supo, entonces, lo que Dios quería que hiciera. Ella se tiñó el cabello y su 
piel con café. Se puso saris (vestido de mujer en la India), para parecerse a la gente, y 
comenzó un hogar para esas niñas no deseadas. "Una irlandesa con ojos castaños", di- 
jo una vez una amiga hindú. "Es bueno. Yo no creo que podrías haber salvado a estas 
niñas si hubieras tenido ojos azules". Amy sabía ahora por qué Dios le dio ojos casta- 
ños en lugar de azules. Como dijo Pablo en el versículo para memorizar de esta sema- 
na: "A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos". Amy 
Carmichael no fue a la India sencillamente para vivir; ella llegó a ser una de ellos. Esto 
era algo que Amy sintió que no podría haber hecho tan completamente si Dios le hubie- 
ra dado ojos azules en lugar de castaños. Dos mil años antes, Jesús también llegó a 
ser como los despreciados que estaba tratando de salvar, al tomar nuestros cuerpos, 
piel, cabello y ojos. 

Considera: Piensa en todos los aspectos de tu vida, acerca de ti mismo y de tu situa- 
ción, que has deseado que fueran diferentes. ¿De qué modo usó Dios las cosas que no 
podemos cambiar a fin de ser una bendición para otros y llevarles cambios positivos a 
sus vidas? 

Como Amy, podemos haber tenido que cambiar algo acerca de nosotros para alcanzar 
a algunos, llegando a ser como dijo Pablo: "A todos me he hecho de todo", de modo 
que algunos puedan salvarse. Dios puede no estar pidiéndote que tinas tu piel como lo 
hizo Amy, pero ¿de qué maneras podemos practicar este principio en nuestras vidas? 



Paso 4 

¡Aplica! 



Considera estas preguntas con tu clase, como una manera de dar pasos para quebran- 
tar barreras que existen dentro de tu iglesia: 

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¿Se sienten cómodos los nuevos conversos con la estructura social de tu iglesia? 
¿Tenemos un sistema mediante el cual las personas nuevas pueden hacer amis- 
tades nuevas dentro de los seis meses de haberse unido a tu iglesia? 
¿Tienen los miembros (o los "simpatizantes") alguien que se siente con ellos, y los 
oriente en las ceremonias y los cultos de la iglesia? 

¿Tiene tu iglesia un equipo de recepción a la puerta del santuario, que sabe cómo 
decir "Hola" sin decir al mismo tiempo "Hasta luego"? 



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